La riqueza, incluso para una de las voces más autorizadas del cristianismo (por su propia naturaleza, siempre del lado de los pobres y los menos afortunados), no debe ser demonizada, envidiada ni censurada, y no es un mal en sí misma. San Agustín, buen teólogo ante un pastor consciente de las limitaciones de su rebaño, explica bien que el problema no es la riqueza, sino la posesión, es decir, el apego al dinero y el uso arrogante que corremos el riesgo de hacer de él.
- Dinero, para quien lo tiene, incluso en grandes cantidadesNo es ni bueno ni malo. ¿Por qué deberíamos criticar a priori a quienes han cimentado su riqueza y bienestar con su trabajo duro, con unas cuantas buenas ideas, con valentía combinada con suerte? ¿Dónde está la culpa? La riqueza no es ni puede considerarse sinónimo de injusticia, y no hay razón para ocultarlo; si acaso, es el apego al dinero, la codicia compulsiva por las posesiones lo que cuenta.
- La sed de posesión de dinero esclaviza, mientras que la riqueza libera., Porque garantiza la autonomía tanto en el pensamiento como en la forma de vivir. De ahí la ilusión de poseer, mientras se es poseído.
- Dinero La posesión de riqueza conduce a la soledad, a la falta de deseo de compartirla de alguna manera: esta es la raíz del orgullo vinculado a un uso distorsionado de la riqueza. Las personas que no saben compartir su bienestar también pueden reconocerse por algunos rasgos físicos: carecen de... ligereza y hinchada de desconfianza, la mirada no tiene luz, la cabeza no puede levantarse.
- El dinero no garantiza ni la felicidad ni la virtud. Una buena situación económica sin duda contribuye al bienestar y al equilibrio psicológico y físico, lo que también debería traducirse en el cultivo de ciertas virtudes, como la sobriedad. Si bien no hay razón para ocultar el dinero ganado honestamente, tampoco hay razón para presumirlo ostentosamente.
- El problema nunca es el dinero, sino el amor al dinero., que nos encierra en el Yo y nos separa del Nosotros, y nos aleja del deseo de justicia y de la libertad del corazón.
- ¿Quién tiene más dinero?, Sin duda, también tiene el deber de sentirse más responsable de su riqueza. Y esta responsabilidad solo se mide a través del uso del dinero y la atención que una persona adinerada puede brindar a quienes no han tenido la misma fortuna en la vida.
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