La sostenibilidad, vista desde la perspectiva de nuestra vida privada, de lo que podemos y no debemos hacer, se entrelaza con la disposición más importante que rige nuestro comportamiento diario: el hábito. Tan central y arraigado en la persona que su etimología, del verbo habitus, «hábito», deja claro que el hábito nos pertenece en un sentido estricto e íntimo.
Una vez que nos acostumbramos a usar la ropa de cierta manera, con un corte y color determinados, resulta muy difícil cambiarla. Lo mismo ocurre con los hábitos. Un estudio del University College London, como veremos, establece que el tiempo necesario para cambiar un hábito es de 66 días, más de dos meses. No es poco tiempo, pero probablemente tampoco sea suficiente.
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Importancia de los hábitos
Todos vivimos de hábitos. Incluso los hombres y mujeres más inquietos, irregulares y poco convencionales tienen un núcleo de hábitos arraigados en su vida diaria. Los hábitos, que a menudo censuramos o consideramos un signo de debilidad e inercia, son en realidad poderosos y nos dan fuerza. Anclan nuestros comportamientos a automatismos muy útiles, como evitar perder tiempo, energía y pensamientos.
Imagina uno de los hábitos más banales, cepillarse los dientes cada mañana: nuestras vidas empeorarían, y no solo un poco, si cada mañana tuviéramos que reorganizar mentalmente nuestros pensamientos para acordarnos de cepillarnos los dientes y luego hacerlo realmente.
Por otro lado, los hábitos no solo rigen nuestras vidas, sino que forman parte de nuestra naturaleza humana. Tanto es así que los científicos investigan cada vez más la zona del cerebro que nos permite establecer hábitos, o mejor dicho, esos comportamientos que la ciencia define como acciones, a menudo incluso inconscientes, que se repiten en situaciones y contextos específicos. Pero el cerebro, que obra tantos milagros, carece de la capacidad de discernir y diferenciar entre buenos y malos hábitos. Y es aquí donde entran en juego nuestra fuerza de voluntad y responsabilidad, cualidades humanas esenciales que siempre pueden ser más fuertes que incluso los hábitos más arraigados.
Para ser claros, el cerebro se regula de la misma manera tanto para quienes tienen hábitos alimenticios saludables como para quienes fuman mucho; para quienes dicen con frecuencia "gracias" y "disculpe", como para quienes son groseros y carecen de amabilidad en cada interacción con los demás. Los científicos, al recordarnos que los hábitos también nos sirven de guía, de dirección en la vida (siempre y cuando logremos priorizar los buenos y eliminar los malos), van más allá y cuantifican la resistencia y la génesis de los hábitos.
Empecemos por el segundo. El cuarenta por ciento de nuestro comportamiento diario está determinado por los hábitos. En la práctica, aproximadamente la mitad de nuestras vidas está regulada por la parte del cerebro donde se establecen los comportamientos automáticos. Además, el hábito nos hace más eficientes en aquello que repetimos, pero luego tenemos que lidiar con la entrada de los virus de los malos hábitos. Algunos factores que los alimentan incluyen la toma excesiva de riesgos y el perfeccionismo, temas que hemos abordado en nuestro sitio web.
Los hábitos, como gran parte del comportamiento humano, tienen dos caras: una buena y otra mala. Una debe ser descubierta y protegida, la otra debe ser rechazada y expulsada. La distinción depende de nosotros, y podemos seleccionarla a través de diversas categorías, desde la ética hasta el sentido común, sabiendo que tarde o temprano llegaremos al límite de nuestra responsabilidad.
Cómo los hábitos afectan nuestras vidas
Para mantenernos fieles al banal ejercicio de cepillarse los dientes, este hábito viene acompañado de otros. Por ejemplo: hacerlo con el grifo abierto o cerrado. En el primer caso, repetimos un hábito tonto, derrochador e insensato. Un pequeño gesto en el vasto catálogo de la indiferencia. En el segundo caso, en cambio, simplemente hemos alcanzado el objetivo de un buen hábito, que se traduce en ahorro, consideración hacia los demás y, sobre todo, conciencia de que los recursos del planeta son finitos y deben respetarse. Hemos entrado en el universo de la sostenibilidad con el más banal de los hábitos.
En cuanto a la resistencia, el problema surge cuando pretendemos eliminar un mal hábito. Investigaciones científicas recientes han actualizado el tiempo necesario para lograrlo. Hasta hace poco, se creía que 21 días, como máximo, eran suficientes para abandonar un mal hábito. Ahora, el psicoterapeuta Richard O'Connor, autor de aclamados libros sobre hábitos, ha elevado el límite a un promedio de 66 días. En casos individuales, el plazo varía entre 18 y 254 días.
Estoy haciendo todo lo posible por abandonar por completo el mal hábito de fumar. Pasé de fumar unos veinte cigarrillos al día, sobre todo cuando escribía, a no más de dos o tres. Pero ha pasado un año, no he dejado el hábito del todo y aún siento un gran temor: el de volver a fumar. De hecho, es más fácil abandonar los malos hábitos que retomarlos, y aunque lleva mucho tiempo eliminarlos, recaer puede ser como un relámpago. Por suerte, lo mismo ocurre con los buenos hábitos.
Buenos y malos hábitos
El hábito es como una bifurcación en el camino. Nos encontramos con muchos a lo largo del camino, y debemos elegir. El conocimiento, el inmenso nivel actual de información, por ejemplo, nos permite comprender que algunos buenos hábitos, como la alimentación saludable, la actividad física y dejar de fumar y el alcohol, son cruciales para prevenir enfermedades graves, desde enfermedades cardíacas hasta el cáncer. Depende de nosotros decidir entre el buen hábito de un estilo de vida saludable y el malo de lo contrario. Es evidente que cualquier hábito, ya sea negativo o positivo, una vez que se arraiga en nuestro cuerpo (después de todo, el cuerpo humano es una máquina) y en nuestra mente, se vuelve capaz de resistir cualquier tipo de cambio. Nos volvemos adictos a él. Pensemos en el tabaco y en lo difícil que es, precisamente como mecanismo psicológico, liberarse de él. En este sentido, los hábitos son más fáciles de adquirir que de perder, por lo que sería maravilloso poder evitarlos desde el origen, a la primera tentación. El esfuerzo que se nos exige, en cuerpo y alma, es una prueba de lucidez al elegir un camino en una encrucijada. Elegir el hábito bueno y útil y deshacernos del malo y perjudicial. Podríamos comenzar este ejercicio revisando y clasificando nuestros hábitos; en ese punto, habremos dado un paso adelante en la elección ante una encrucijada.
Frases famosas sobre hábitos
- Vivíamos según hábitos. Como todos, la mayor parte del tiempo. Pase lo que pase, siempre cae dentro de los hábitos.Margaret Eleanor Atwood)
Nadie es inmune a la costumbre de los hábitos. En definitiva, marcan el tiempo, los ritmos de la vida e incluso una cierta idea de estar en el mundo. Si son buenos o malos está por verse y se evaluará caso por caso.
- "Soy yo quien domina los hábitos, no los hábitos los que me dominan a mí."Archie Goodwin)
Quienes son esclavos de los hábitos, o prisioneros de un presente eterno , luchan por abrir sus mentes, por mirar hacia adelante con entusiasmo y pasión, por conservar sus recuerdos. Poco a poco, y sin darse cuenta, terminan atrapados en un laberinto sin salida.
- «La gente camina penosamente por las llanuras de la vida cotidiana y necesita ser guiada por alguien que sea capaz de ver las cosas desde arriba» (Papa Francisco)
La vida cotidiana a veces resulta increíblemente agotadora. Y la costumbre casi la suaviza. Pero todos necesitamos un poco de ayuda de alguien que amplíe nuestra perspectiva y nos permita contemplar las cosas con una ligereza calvinista, sin ceder jamás a la indiferencia.
- "Lea algo positivo cada noche y escuche algo útil cada mañana".
Un sabio consejo para un gran doble hábito, para mejorar tu estado de ánimo.
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