Nos encontramos en Via Gonin, en el barrio de Giambellino, con unos cincuenta mil habitantes, famoso gracias a Gaber por su Bar Gino (que aún existe) y por los bajos fondos de Milán. Conocido como el "barrio de la niebla", donde vivieron Lucio Battisti y Renato Vallanzasca, el barrio se encuentra actualmente en proceso de remodelación gracias a su proximidad a zonas de ocio como Via Tortona.
Un barrio suspendido en el tiempo, como todos los barrios donde se mezclan inmigrantes y habitantes de Bauscia, viviendas sociales y jardines de una belleza impresionante: justo en un rincón de esta Milán aún por descubrir, unas 400 personas, la noche anterior al confinamiento, pasaban por la entrada de Ruben, un lugar que no es solo un básico punto de refrigerio sino también, y sobre todo, una experiencia de serenidad y tranquilidad.
En restaurante solidario No hay factura, las comidas para mayores de 16 años cuestan un euro, la cocina es gourmet y el tiempo no es una variable: el concepto es precisamente el de un respiro momentáneo de la necesidad, pero también un momento de recarga y de renovada motivación.
Rubén abre de lunes a sábado de 18:45 a 20:30, y siempre hay una larga fila. Para entrar, se necesita una tarjeta de socio, que se emite con base en ciertos requisitos, comenzando por una etapa delicada y difícil de la vida. Esta etapa es temporal, ya que Rubén no compite con los centros de Cáritas. Los comensales son diversos: padres separados, estudiantes universitarios con dificultades para pagar la matrícula, inmigrantes y personas temporalmente desempleadas que esperan un nuevo trabajo. Para ellos, cada noche la mesa está lista, la cena se sirve en un ambiente acogedor donde el festín es lo primero, y la agradable compañía garantiza que no se sientan solos.

El nombre del restaurante tiene una historia dulce y compasiva: Rubén era un agricultor que se mudó a Milán desde Cremona para trabajar en el campo, viviendo a las afueras de la ciudad, a pocos pasos de la familia Pellegrini, hortelanos. Vivía en una chabola, donde murió congelado un invierno. El joven Ernesto, que por entonces estudiaba contabilidad y poco después de empezar a trabajar en la empresa Bianchi, se hizo amigo de Rubén y le prometió ayudarlo. Desafortunadamente, no tuvo tiempo, y nunca lo olvidó. Le dedicó un lugar de solidaridad y cariño.
Imagen destacada y texto que la acompaña tomados de la página de Facebook de Rubén - Restaurante Solidario Milán
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