El día de Raquel Spezia, de 50 años, empieza con el despertador a las 5:30 de la mañana. Justo el tiempo justo para consultar el pronóstico del tiempo, tomar un café rápido, y ahí está, en sus colmenas de la granja. Dulce luna, En las afueras de Milán. Aquí, con overol, guantes y velo, Rachele pasa la mañana revisando los enjambres y las reinas, eliminando parásitos, tomando muestras de miel y, si la cosecha está lista, comienza la extracción. Tras un almuerzo rápido, entre una colmena y otra, empieza a trabajar en el laboratorio, filtrando la miel. miel, etiquetando los frascos y preparando los pedidos para ser cerrados.
Por la tarde, tras un breve descanso, Rachele regresa a casa y emprende su segunda vida. Una cena frugal, un cambio de ropa y a su segundo trabajo, el de taxista. Un negocio bastante lucrativo, que le permite satisfacer su pasión por las abejas, aunque a veces tenga que seguir trabajando hasta el amanecer, dependiendo de los turnos de la ciudad. Como apicultora, Rachele gana aproximadamente... 25 colmenas, Cada una de ellas alberga 50 abejas. La producción anual fluctúa entre 500 y 700 kilogramos de miel, de diversos tipos: acacia, castaño y flores silvestres. Cuando le preguntan cómo gestiona dos trabajos tan exigentes, Rachele responde: «Las abejas me enseñan paciencia y organización. Los humanos, incluso de noche, me enseñan empatía. En conjunto, me hacen mejor persona».
Fuente de la imagen de portada: Espansione Tv/Youtube
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