La ducha Es un gran placer, y aporta varios beneficios que van de la mano con la higiene: calma los dolores musculares, refresca todas las partes del cuerpo afectadas por el chorro de agua, ayuda a relajarse y duerme mejorPero no debe hacerse con agua demasiado caliente, de lo contrario puede producir efectos secundarios y perder sus beneficios.
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Irritaciones y enrojecimiento
Al exponerse a altas temperaturas al ducharse, la temperatura superficial de la piel aumenta considerablemente. Esto provoca la dilatación de los vasos sanguíneos, lo que, si se prolonga, puede debilitar los capilares, haciendo que la piel sea más susceptible al enrojecimiento y la irritación.
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La piel se vuelve seca
El agua demasiado caliente, especialmente cuando se combina con jabones fuertes, daña la capa externa de la piel, conocida como barrera cutánea. Los lípidos de esta barrera ayudan a mantener una hidratación adecuada, pero el exceso de agua caliente reseca la piel, en parte debido a la eliminación del sebo.
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Granos en la piel
Además de la deshidratación, el agua caliente puede alterar el pH natural de la piel, que es ligeramente ácido, creando un ambiente propicio para la proliferación de bacterias y hongos. El resultado es una mayor susceptibilidad a infecciones cutáneas, como la foliculitis, que se manifiesta como pequeños granitos, especialmente en las zonas más expuestas al agua caliente, como los brazos y los muslos.
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Las arrugas
La exposición continua al calor puede promover la formación de rughe y líneas finas, a medida que la piel pierde parte de su elasticidad.
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Cabello seco
Y es precisamente la eliminación del sebo, que hidrata y protege el cabello, lo que provoca su resequedad. En resumen: puedes ducharte más de una vez al día, pero no deben durar más de cinco minutos. Y, sobre todo, deben hacerse sin jabones fuertes y con agua no demasiado caliente.
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La temperatura adecuada del agua
Pero ¿cuál debería ser la temperatura adecuada del agua para ducharse? Depende de la naturaleza de cada persona, por ejemplo, de si es sensible al frío o al calor. En general, el agua de la ducha nunca debe superar los 38 grados Celsius. Y una ducha fría tiene un efecto verdaderamente energizante: entre 25 y 30 grados Celsius, estimula el cuerpo y tonifica la piel, reactivando la circulación sanguínea.
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