Con una frase seca y poética, Pablo Neruda logra condensar las contradicciones de la vida. Blanco y negro, luz y oscuridad, bien y mal. La acción humana puede ser destructiva, contra nosotros mismos, contra los demás y contra la naturaleza: todos somos capaces de hacer daño. De cortar flores. Y poco importa si esa no era la intención inicial del acto. Pero al final, tarde o temprano, hay una fuerza de las cosas, una voluntad colectiva que trasciende los instintos individuales, que encuentra un resultado completamente diferente. Y así llega la primavera de todos modos, y nadie puede detenerla.
La metáfora puede interpretarse de diversas maneras, tanto en privado como en público. Nuestros lazos emocionales, nuestras relaciones, son un viaje constante por un sendero que alterna entre largos túneles y caminos abiertos. A veces hay oscuridad, a veces hay plena luz. Sin embargo, si nos tenemos buenas intenciones, si no hemos perdido la capacidad de amar, llega la primavera. Con todo su eros, capaz de aplastar a Tánatos , el sentimiento de muerte que todos llevamos dentro.
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