Lamentablemente, suele ocurrir: mientras nadamos en la playa o en una pequeña bahía, el agua se enturbia y se oscurece, y vemos rastros de petróleo y basura. ¿Qué pasó? Un yate, o incluso un barco, simplemente arrojó sus restos de comida (como cuando los tiramos a la basura después de comer).
Pero que el agua se enturbie y se vuelva peligrosa para los bañistas es solo una de las consecuencias: en realidad, esa embarcación se ha transformado, con esa persona incivilizada, en una auténtica bomba ecológica.
Las consecuencias más significativas de verter residuos alimentarios al mar son:
- Aumento de nutrientes en el agua. Los restos se descomponen, liberando nitrógeno y fósforo. En bahías, puertos o áreas con poco intercambio de agua, esto puede favorecer la proliferación de alga y reducir el oxígeno disponible.
- Alteración del comportamiento de la fauna silvestre. Pez, gaviotas y otros animales pueden acostumbrarse a alimentarse de los desechos de los barcos, alterando su dieta y su comportamiento natural.
- Introducción de especies no autóctonas. Si las sobras contienen ingredientes de otras zonas (por ejemplo, mariscos o verduras), pueden introducir microorganismos u organismos no deseados.
- Contaminación estética e higiénica. Las partículas de comida flotantes o los desechos que se acumulan cerca de la orilla pueden generar olores desagradables y atraer animales oportunistas.
En particular, las manchas de petróleo en el mar se forman porque los aceites y muchos hidrocarburos tienen una densidad menor que el agua y son inmiscibles con ella: en lugar de mezclarse, flotan y se extienden sobre la superficie, formando una película más o menos extensa.
Los daños se agravan cuando el agua utilizada para lavar suelos, superficies, vajilla u otras zonas a bordo se vierte al mar, ya que puede contener productos químicos y residuos orgánicos. Esto ocurre con frecuencia en los puertos donde pernoctan barcos y yates.
En este caso, los daños más graves son:
- Contaminación química. Los detergentes, desengrasantes y desinfectantes pueden contener tensioactivos, perfumes, conservantes y otras sustancias que pueden ser tóxicas para algunos organismos marinos, especialmente si se vierten en aguas costeras o poco profundas.
- Disminución de la calidad del agua. Algunos componentes pueden favorecer la formación de espuma o alterar las propiedades del agua, con las consiguientes repercusiones en los ecosistemas.
- Ingesta de nutrientes. Si el agua de lavado contiene restos de comida y detergentes que contienen fósforo o nitrógeno, puede contribuir a la eutrofización, es decir, al crecimiento excesivo de algas.
- Acumulación de microplásticos. Las operaciones de limpieza pueden arrastrar al mar fibras sintéticas de paños, esponjas o tejidos, así como pequeñas partículas de plástico ya presentes en el entorno a bordo.
- Daños a la fauna marina. Algunas sustancias pueden ser irritantes o tóxicas para los peces, los mariscos y otros organismos, especialmente en altas concentraciones o en áreas donde se acumulan múltiples vertidos.
En general, los residuos domésticos se consideran más problemáticos que los residuos alimentarios porque pueden introducir en el mar sustancias que no se degradan rápidamente o que pueden ser perjudiciales incluso en bajas concentraciones.
Por último, los desechos sanitarios, también llamados aguas negras , se encuentran entre los residuos a bordo con mayor potencial de impacto ambiental si se vierten directamente al mar, especialmente cerca de la costa.
Los efectos principales son:
- Contaminación microbiológica. Las aguas residuales pueden contener bacterias, virus y otros microorganismos de origen fecal que comprometen la calidad del agua y suponen un riesgo para la salud humana, especialmente en zonas de baño y áreas de recolección de mariscos.
- Mayor cantidad de nutrientes. Las heces y la orina aportan nitrógeno y fósforo, lo que puede favorecer la eutrofización, con un crecimiento excesivo de algas y una disminución del oxígeno disuelto.
- Reducción del oxígeno en el agua. La descomposición de la materia orgánica consume oxígeno, lo que somete a los peces y otros organismos marinos a un gran estrés.
- Deterioro de la calidad del agua. Los vertidos pueden enturbiar el agua, provocar olores desagradables y perjudicar los ecosistemas costeros.
- Propagación de contaminantes. Si se utilizan productos químicos en los inodoros a bordo (por ejemplo, algunos aditivos para los depósitos), estos pueden contribuir aún más a la contaminación.
Todas las embarcaciones, y en particular los yates, están equipadas con tanques de retención que recogen los desechos sanitarios hasta que se vacían en instalaciones portuarias específicas o de acuerdo con la normativa vigente. Los restos de comida deben almacenarse hasta que puedan eliminarse adecuadamente en tierra, y para el agua y los desechos domésticos en las embarcaciones, es recomendable:
- Utilizar detergentes biodegradables y de bajo impacto ambiental.
- limitar el uso de productos químicos agresivos
- Recoger y eliminar el agua contaminada en tierra cuando lo exija la ley o cuando se esté en puerto, fondeado o en zonas marinas protegidas.
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