De la pasta a quesoDesde tomates hasta embutidos. No hay rincón del mundo agroalimentario donde no se hayan infiltrado productores y minoristas de alimentos falsificados. Compramos, y en esto también tenemos responsabilidades como consumidores, alrededor de 1 millones de euros al año. Los alimentos que luego llegan a nuestras mesas son de mala calidad y carecen de las garantías de seguridad alimentaria necesarias.
Los alimentos falsificados añaden dos tipos de desperdicio. El primero va en detrimento de los consumidores, que pagan un precio aparentemente conveniente, pero que en realidad equivale a una auténtica estafa. El segundo desperdicio afecta a toda la cadena agroalimentaria del Made in Italy, que debe hacer frente a una competencia desleal, aunque bien protegida e impune.
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