En Santa Bárbara, California, se está probando un sistema que podría resultar muy útil para combatir la crisis climática: el uso de algas marinas. En concreto, se busca aprovechar el crecimiento de la especie de alga marina gigante (Macrocystis pyrifera) para absorber dióxido de carbono del agua del océano. Las algas se cosechan primero y luego se depositan en el fondo del océano, a miles de metros de profundidad, donde se espera que retengan el carbono absorbido. Persisten algunas preocupaciones: cuántos gases de efecto invernadero pueden absorber las algas, cuál sería el impacto de un cultivo tan masivo en el ecosistema y cuánto CO2 se libera una vez capturado.
Incluso en Filipinas, donde las algas marinas son un producto acuícola importante, la Fundación del Clima ha desarrollado un proyecto llamado Forestación Marina, cuyo objetivo es regenerar el medio ambiente mediante el cultivo de algas marinas en plataformas ubicadas en mar abierto. Según los expertos de la Fundación del Clima, las algas marinas pueden absorber más CO2 que incluso los bosques fluviales (3 toneladas por kilómetro cuadrado) y pueden crecer hasta 50 centímetros al día, alcanzando longitudes de hasta 60 metros.
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