- Nunca los uses como mensajeros (“Dile a tu padre que…”)
- Nunca los pongas en la posición de elegir o tomar partido
- Nunca te desahogues con ellos como si fueran amigos adultos
Es devastador para un niño sentirse responsable del equilibrio familiar.
El segundo punto es tener un método, incluso en los argumentos:
- Evite los gritos, insultos o silencios punitivos delante de sus hijos
- Si la discusión se calienta, devuélvelo a un momento privado
- También muestra el reconciliación Es fundamental: nos hace comprender que los conflictos se pueden resolver y no están destinados a volverse infinitos.
La tercera área de acción se refiere al diálogo con los niños que, incluso en la adolescencia, tienden a pensar: “Es mi culpa”.
Mejor decirlo claramente:
- “Problemas entre mamá y papá No dependen de ti"
- “Te amamos y estás a salvo, incluso si estamos enojados”
Repetirlo varias veces no es excesivo: es alimento emocional.
Finalmente, los niños son torturados por padres que se separan y provocan peleas . Aquí, la violencia, aunque nadie se atreva a admitirlo, se justifica como herramienta para el conflicto y la posible negociación. En resumen, los niños se convierten en armas nucleares que ambos padres utilizan para obtener las mejores condiciones posibles tras una separación o divorcio . No ayudan a apaciguar el conflicto, no facilitan los compromisos necesarios, sino que se reducen a meros instrumentos. Son actitudes cínicas e irresponsables por parte de un padre y una madre, a menudo incluso alentadas por abogados sin escrúpulos. Pero también son actitudes que los niños no olvidan, y cuando crecen, les pasan la factura a sus padres conflictivos.
Muchas parejas discuten con frecuencia. Lo hacen por costumbre , para darse ánimos, para reafirmar su vínculo: puede haber muchas razones, y no somos psicoanalistas para enumerarlas todas. Sin embargo, no debería ser difícil para todos establecer una regla familiar : cuando los padres discuten, sea cual sea el motivo, no lo hacen delante de sus hijos . No comparten con ellos el desagradable espectáculo de una pelea familiar. ¿Y si no pueden hacerlo? Entonces deberían tener al menos la responsabilidad de explicarles a sus hijos, con ligereza y sin agobiarlos, y sin especificar los motivos del conflicto, lo que sucedió. Deberían aligerar la situación, incluso con un comentario ingenioso. Además, sería bueno terminar las discusiones el mismo día en que ocurrieron y dejar claro a los niños que el incidente quedó atrás. Se alegrarán.
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