La soledad es una bestia cruel. Te muerde de repente, cuando menos te lo esperas, y luego intenta seguirte como una sombra, porque está acostumbrada a no soltar nunca a su presa. Sus emboscadas se alimentan de una serie de resquicios que ahora hemos dejado abiertos: el uso compulsivo y adictivo de las redes sociales, el cansancio y la falta de deseo de cultivar relaciones humanas que no sean virtuales, la
presentismo Como un reloj en la muñeca de la modernidad, la curva natural de la vida selecciona según criterios imponderables, aparte de los números de un documento de identidad.
La soledad puede incluso enfermarnos, y una vasta literatura científica enumera los riesgos potenciales para nuestra salud: depresión, aumento de enfermedades cardiovasculares, obesidad y deterioro de la función cognitiva. Pero demos un giro a la situación y comencemos, considerando la soledad como un veneno que empeora la calidad de vida, con una frase célebre, apreciada por mentes brillantes como Sun Tzu (El arte de la guerra) y Nicolás Maquiavelo (El príncipe): «Si no puedes vencer a tu enemigo, alíate con él». Una buena idea para lidiar con la soledad sin recurrir a pseudoterapias que casi siempre resultan ineficaces. Pero, ¿cómo nos aliamos con la soledad? No existen manuales ni consejos de expertos para la respuesta, solo el sano realismo de la vida cotidiana.
Antes de considerar la soledad, el aislamiento total, la pérdida de energía, el retraimiento constante o el sufrimiento prolongado, tal vez valga la pena buscar y profundizar nuestra propia compañía, buscando la solidez de nuestra vida interior, que tan a menudo borramos de nuestra agenda y descartamos de nuestro repertorio. Presta atención y observa con mirada inquisitiva: quienes tienen un mínimo de conocimiento de sí mismos tienden a tener relaciones más libres. Escuchan mejor, fuerzan menos, toleran el silencio y no experimentan cada distancia como un rechazo. De hecho, se alían con la soledad. El filósofo y escritor Jean-Paul Sartre tenía lo siguiente: ideas claras sobre ello, y dijo: “Si estás triste cuando estás solo, probablemente estás en mala compañía”. Y listo para ser destrozado por la soledad.
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